Tobia Vive, el rafting

canotaje en tobiaA solo hora y media de Bogotá, donde el frío se desvanece y un calor suave cubre el cuerpo, donde los ríos ya no están contaminados y las moles de cemento se esconden tras las montañas cubiertas de árboles frondosos y sembrados de caña, hay un escenario para aventurar sobre el agua.

A siete kilómetros de Tobia, Cundinamarca, una población ubicada a 81 kilómetros de Bogotá, entre La Vega y Villeta el cauce del río Negro, literalmente negro no por contaminación sino por la sedimentación de la tierra, se presta para toda clase de malabares acuáticos, en donde solo lo intrépido es permitido.

Siete personas en un bote practican rafting, ataviadas con salvavidas, casco y remo, se enfrentan a un río cuyas aguas nunca están tranquilas, siempre chocan contra piedras grandes y forman turbulentas olas negras que le dan emoción al trayecto. Es un río de rápidos continuos que hacen que esa sensación de vacío en el estómago no se acabe hasta llegar a la meta.

Qué emocionante sentirse parte de esas aguas, de su pasión, de su poder. Allí cualquier cosa puede pasar, el río tiene la voluntad. Pero esto no importa porque los aventureros están protegidos: antes de embarcar se les enseña las reglas necesarias para sobrevivir a una caída, y adelante del bote siempre va un cayak canoa de una persona que lo puede ayudar en caso de necesitarlo.

En el recorrido hay momentos esporádicos para apreciar el paisaje: observar los árboles de tallos gruesos y frondosos que reciben en sus ramas algunos pájaros de colores, curiosear la parte trasera de las casas campesinas que quedan en la orilla, mirar cómo arrean el ganado en los potreros o cómo los niños juegan en las laderas del río. Pero sobre todo, es un trayecto para sentir miedo, gritar después de unos segundos de movimiento o soltar una carcajada de felicidad.

También se puede hacer un paseo por Tobia, un pueblo pequeño de gente muy tranquila que hasta se podría asimilar con un pueblo de la costa. Se puede caminar por los rieles del ferrocarril, subir a una iglesia extraña con ángeles en su techo o simplemente pasear por las calles.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Viajar
 
Autor
CATALINA GOMEZ ANGELEnviada Especial de EL TIEMPO

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