Gritos en Tobia

tobia smallEl agua brota del río como si hirviera y choca contra las piedras de color café, añadiendo espumas blancas a la superficie. De repente, a unos cinco metros frente al bote, aparece un hueco inmenso que parece podérselo tragar entero, con todo y sus seis ocupantes. Adelante, con fuerza!, se oye desde la parte de atrás de la embarcación. Camilo Gómez,

el capitán del equipo nacional de rafting, les da instrucciones a sus compañeros, que, como si estuvieran unidos con una cuerda, comienzan a mover sus remos simultáneamente e impulsan la balsa para ir al encuentro de la caída de agua.

Ellos van sentados en los bordes del pequeño barco, con los pies dentro. Bajo sus cascos blancos de protección tienen la mirada fija unos metros más adelante y sus músculos se tensionan dentro de los chalecos salvavidas de color rojo. Cómo hacen para no caerse? Cada uno tiene un pie metido debajo de un pontón, especie de un bolsillo. Nunca van con los pies amarrados porque una cuerda puede ser peligrosa en el agua en caso de que la balsa zozobre.

Los gritos de emoción de los tripulantes parecen lejanos al lado del ruido del choque del caudal contra las piedras. La balsa se inclina hacia adelante y queda casi en posición vertical. Sus ocupantes reciben una ducha de agua fresca. Vamos Colombia! , sale de sus gargantas, al tiempo que la embarcación es zarandeada por la corriente. Esta es una de las partes de nivel 4 (hay 6 niveles) en el río Negro, que requiere guían y tripulantes expertos. Cómo han llegado a semejante torbellino? El viaje ha empezado hace casi una hora al lado de un puente sobre el río. Luego de sesenta minutos en camioneta desde Tobia (Cundinamarca) a una hora y media de Bogotá , los seis tripulantes, con sus torsos desnudos, pantaloneta y chanclas especiales, se alistan para los 16 kilómetros que los esperan río abajo.

Hacen ejercicios de estiramiento y terminan de calentar sus músculos al inflar el bote con una bomba. Entre todos levantan la balsa de 4,25 metros de largo, 2 metros de ancho y 50 kilos de peso y la descuelgan con unas cuerdas hasta el agua. El viaje es de entrenamiento. Si fuera de turismo se demoraría cuatro horas, habría frecuentes paradas para admirar el paisaje y hasta almuerzo en algún lugar del río.

En medio de las paredes de las montañas, es casi medio día y cerca de 28 grados centígrados calientan el ambiente cuando los integrantes del equipo comienzan el descenso por la empinada ladera.

Ojo con la bajada que está resbalosa! , grita el capitán. para llegar al agua hay que agarrarse de los palos y tener cuidado de dónde se pisa, pues la tierra, húmeda por las lluvias, se desmorona. Cuatro deportistas llegan abajo y se paran en las rocas mojadas del borde del río mientras otros dos están en la balsa esperando a sus amigos. El agua fría entra a las chanclas y toca los pies de los que están en la orilla. Pilas con las piedras al subirse! , grita de nuevo Gómez.

Es hora de partir. Los tripulantes, tres a cada lado, toman sus posiciones en la embarcación. Los dos más grandes se sitúan adelante para evitar que esta pierda estabilidad, y el capitán, desde atrás, dirige a sus compañeros, pues tiene un mejor panorama y es el que decide hacia dónde debe avanzar el bote. Los atletas empiezan a remar. Vamos, adelante! , ordena el capitán Gómez y la balsa es jalada una y otra vez cuando los deportistas se inclina hacia adelante u hunden sus remos en el agua. El río es tranquilo en los primeros metros del recorrido, pero en la distancia se ve la espuma blanca que advierte la presencia de las piedras. la velocidad aumenta. Solo se oye el chapotear de los remos y a los lejos el ruido del agua sobre las rocas.

El silencio se rompe. Acordémonos de los de Eslovenia, fijémonos en la técnica! , grita el capitán, refiriéndose a un video de los campeones mundiales de rafting. El equipo avanza unos 30 metros y, de repente, la corriente se hace sentir. El lado derecho de la embarcación se inclina hacia arriba y el agua golpea fuertemente. Derecha! , grita Gómez. Hacia ese lado se mueven rápidamente los que se encuentran a la izquierda, para equilibrar la balsa.

El pequeño barco sobrevive y recorre rápidamente cerca de 20 metros, pero un turupe café detiene su marcha. Es una de las partes más pandas del río, que en otros tramos alcanza hasta 7 metros de profundidad. Un ruido sordo, como de un tambor, se oye cuando el bote queda anclado sobre una gran roca. Se va a romper! Jorge que va sentado adelante, se baja rápidamente para desatascar la balsa. La corriente es fuerte pero Jorge aguanta y sube de nuevo. Ha entrado un poco de agua, pero la embarcación, hecha de un derivado de PVC muy resistente, sigue su curso. El viaje continúa al estilo de una montaña rusa. A veces hay más obstáculos como huecos, palos y piedras, y el caudal es mayor en otras partes. Esto último hace que la velocidad aumente y que la travesía sea más emocionante que en otros tramos.

Los deportistas se acercan a la orilla izquierda del río. El viaje ha terminado y el hambre acosa. Palos, sudor, calor, piedras y mucha agua los han acompañado durante 16 kilómetros. Ha sido otro día de trabajo en la oficina para ellos.

 

Aventureros en Línea

Tenemos 797 Aventureros y 23 miembros conectado(s)